quedaste fiel en los nombres
en los pasos de los anillos cerrados
y la ropa incendiaria
visible sólo con la voz
tu estrella de precipicios
tus ojos grandes en vacíos
tu muerte intacta
junto a su tatuaje de hilo adormecido
un movimiento suave
una foto de nudillos y cera a la seducción
y luego la mujer
el hombre en la sangre
luego todos en tu cuerpo
lanzados, vivos resurrectos
filos innombrables
yo estaba aquí
en tu frente, en la esgrima
donde tu delgadez renuncia a la cordura
sucede que yo tenía tu boca
el río seco que lava el sueño
sucede que una vez desnudo por tí
se miraron los hombres en el bostezo
nos tomaron las manos
nos perseguimos en cortas noches
porque la oscuridad esclava en tu sombra
no tenía aire para dar
si te vieras, si me vieras en la herida
terca y hermosa, hambrienta en fisuras
moribunda en su oleaje de gacelas
y su manso tacto de neón
abriendo apenas callejones
no era un ciudad para tí
no necesitabas las salivas del torso
ni el cabello al natural, ni el espasmo
bastaba llamarte maniquí
simple, anónimo, sin discurso
tentado a los vientos como un polo
donde cada alabanza se destruye
y nace el cuerpo de la multitud
no, yo sé que moriré con un instante
y tú te quedas, me dejarás sin contemplarme
y cada vez que muera te irás
con un latido de calma
ayer me desperté
hoy no sueño, no espero
ayer me dijeron que estaba despertando
y fui tras las rocas que nos nacieron:
ayer era otro sueño
donde yo no estaba.
marioantoniorosa.2009




