
où tout le monde marche
he tirado mi pregunta al espejo,
a sus ojos dormidos y transeúntes
he llenado mi sed con el rito
y en la casa los silencios como viajes
tienen un cuerpo sonoro de celajes
ahora espero, voz, por tu sangre
paisaje aún esta palabra en la boca
unos barcos naufragan en la imagen
incendio de peces, o incendio de hierbas
todo va haciendo un nudo de amor
todo se revela en visión decapitada
hay días que se persiguen
llevo muchas horas en la imagen
pregunto, regreso, duermo, muero siempre,
y esos ojos sin hogar, con color de mujer,
no tiemblan ni contestan, no hay nadie
pero yo espero, lejos y cerca
como la lenta curvatura del deseo
donde el giro quiebra la niebla de la piel
y el salto vocifera,
la tarde languidece como una distancia
se va inundando una soberanía nocturna
y yo sigo aquí, encerrado entre palabras
pensando mis manos futuras, mi sangre futura,
con mi salto inocente y una cruz de agua
la cruz del viajero, la cruz del ocaso,
busco mi ser, lavo la cara de un ser
donde no hayan espinas ni anochezca,
donde pueda desnudarme con aire
ir de la mano allá, donde todos caminan
fruto del tiempo y arcoiris,
si Cristo estuviera aquí, en estos papeles,
en esta tinta que duda y no deja de amarle,
si al menos leyera conmigo versos de Verlaine
e hiciese ruido de alas en la casa,
los ojos del espejo despertarían
con una respuesta,
humana.
Marioantonio Rosa.2012
Derechos Reservados.
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