
yo tenía en mis ojos el naufragio
un mástil de caracolas, ecos de mar,
tenía la soledad única del aire
esa que muy alto se desnuda al extinguirse
y pedazos transparentes caen sobre los hombres,
y nada es mortal, sólo un juego de despedidas
como pasa con los besos que se quiebran
desde que ocupo este abismo,
desde este siglo de jardín amordazado
con girones de cuerpos y otras islas,
no he tenido llanto, no he muerto,
y esa vida que veo pasar no tiene frente
desde aqui nada cae: todo se transfigura,
maduran los árboles, hay resaca de ríos
y el color de la memoria resplandece
tuve que ser huérfano para vivir,
ser de un imposible o un encierro,
tuve que ser amado para hablar,
el silencio era una querencia entre nudos
torciendo una caricia a mi lenguaje,
luego vino el trópico de todos los sonidos
y esa mujer en la escalera, blanca y en lunas,
con su traje naranja y los senos en punta,
diciéndome "hoy no tengo bragas"
luego fue partir, una tierra y otra,
un polo y otro polo a la sombra,
luego fue una huella húmeda de tanto buscarse
y también los girasoles,
como comida para dioses desolados,
desde este abismo mi totalidad,
mi estío, mi aroma de piedra y agua,
mi beso de mujer, mi juguete de molinos,
todo tiene una cal en cortadura de visión
y son humanos los insomnios,
desde aquí me levanto y grito al muro de las hogueras,
la palabra que deshoja al trébol,
y se adivina el próximo milagro:
totalidad inanimada
me canta en el regazo
y respiro toda esta caída
en tránsito.
Marioantonio Rosa.2012
Derechos Reservados.
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