miércoles 4 de enero de 2012

EN LAS LETRAS POR CARLOS ESTEBAN CANA: HOMENAJE A NUESTRA ETERNA AWILDA CASTRO


En las letras, desde Puerto Rico: Homenaje de Año Nuevo a la poeta Awilda Castro Suárez*
Una escritora que vio al prójimo sin amor ni consuelo

por Carlos Esteban Cana

Awilda Castro Suárez era una escritora que no se desentendía de lo que ocurría en su entorno. No era de esas creadoras y creadores que se encierran en una torre de marfil. Por eso escribió sobre la discriminación en los Estados Unidos o contra la guerra. Tampoco se desentendió de lo que ocurría en Puerto Rico durante el segundo lustro de la década pasada. Para esos años la poeta ya se había instalado formalmente en Reading, Pensilvania.
Para tener un atisbo de su perfil puedo ir a cualquiera de las bitácoras que desarrolló. Bolas de pelo, Yellow Attic, entre otras, arrojan luz acerca de la materia prima que nutría su poética. Sin embargo, y para ilustrar lo anterior, vuelvo a Derivas, en un artículo que tituló La maternidad, eso que les cuelga del ombligo, expresó: “Y como punto final, mi gente, la maternidad no es algo que nos cuelga del ombligo, la maternidad es amor por los que consideramos nuestros. Yo considero míos a los animalitos maltratados, al estudiante que recién empieza y no tiene para comprarse un sándwich, hijos míos son los viejitos que no tienen nadie que les diga que aún valen. Hay tanto prójimo sin amor ni consuelo, hay tanta gente para educar que, sencillamente, ser madre de mis propios hijos no es necesario.”
Más allá de cualquier ideología, lo que movía a la poeta era, sencillamente, un sentido común de la justicia. Por eso podía ver como un chiste de humor negro el que Pinochet falleciera el Día Internacional de los Derechos Humanos o que Puerto Rico sea un pueblo que sabe reírse dentro del caos.
Recuerdo la siguiente anécdota. Cuando Awilda publicó la poesía Si no estuviera aquí, salí en defensa de su libertad de expresión creativa porque algunas personas vinculadas al espacio cibernético donde se reproducía la pieza comenzaron a censurarla. Una lo hizo por motivos ideológicos, otros porque no leyeron más allá de la fe de errata que antecedía el poema. Como Saramago utilizó al final de su vida la bitácora como medio de expresión, de igual forma lo hizo Awilda Castro Suárez. No se le podía pedir menos a una poeta que tenía como escritor de cabecera a Mario Benedetti.

Si no estuviera aquí

A mi Papá, al cual ya le dieron la carta que dice que no tendrá sueldo por dos meses.

Si estuviera allá tendría puesta mi gorrita,
mi arsenal de botellas de agua,
mi pañito con vinagre por si aparece el gas pimienta,
mis tennis mugrientos y mi garganta desnuda.
No me movería del Capitolio hasta que resuelvan.
Si estuviera allá gritaría consignas,
marcharía vestida de blanco,
recordaría cuando se hizo la Marcha por la Paz de Vieques.
Aquella vez lo logramos,
ahora,
quién sabe.
Si estuviera allá
estaría cogiendo tremendo “sun-tan”
junto a otros tantos miles que se quedarán sin sus habichuelas.
Cada diez minutos entro a la Internet
para ver que hay de nuevo,
apostando toda mi fe al destranque,
viendo como se queman los puentes del regreso.
Si estuviera allá,
estaría gritando, reclamando,
a fin de cuentas,
haciendo algo.
Si estuviera allá,
tendría la misma incertidumbre,
el mismo nudo en el pecho que siento
aunque esté acá.
28 de abril de 2006
West Reading, PA

The Mexican American Wall

A Sensebrenner y a King, para que el muro que les rodea la sensibilidad se disuelva.

Hay un muro de vergüenza
como costurón de carnicero,
rajando los llanos de esperanzas.
Hay calaveras en el desierto,
buscan salir del sueño que se les convirtió en arena y sed.
Ahora les dicen que no pueden pasar,
que no los quieren,
que es un delito atreverse a correr el riesgo y pasar.
Pasar es lo importante,
pasar,
trabajar,
ganar,
traer a la abuela y al tamal,
a la esposa de los ponchos,
al sobrino ranchero,
al vecino plomero,
a la vieja que plancha,
a la chacha que limpia
al indígena que recoge hongos, melocotones, manzanas, peras,
al que limpia colillas de cigarillos, papeles de golosinas
de las aceras sucias,
de las amplias alamedas
por dónde pasan los Minuteman, los cabilderos y congresistas sin ensuciarse los pies.
Ahora les niegan la sacrosanta greencard.
Mientras Lupita se parte el lomo amasando pan,
Pancho liga cemento 10-12 horas sin parar,
para que Andrés vaya a la universidad.
Andrés se enlista en el Army Be All Can You Be para poder estudiar,
nunca pisa el college,
lo mandaron a Irak,
tres meses después regresa tieso en un cajón.
Be all can you be…if you survive.
Dan los tiros de duelo y la bandera doblá.
Tanto cruzar el Río Grande,
el desierto con la Migra en los talones.
Tanto nadar,
tirar,
sudar,
llorar,
sacrificar,
si aquí no nos quieren.
Ahora somos criminales,
indocumentados,
somos un lastre en la tierra del American Dream,
en la Land of the Free.

Poem to the suburbs white lady

This poem is for you,
the lady that clutches her purse when I sit down near you,
that looks amazed when I say I have more college degrees than you,
that I speak two languages and was brave enough to leave everything behind to follow my dreams.In each glimpse you give me
I can feel your scorn,
because I am not white like the snow,
because my English is accented.
When you look at me over the shoulder
you lose sight of my dignity,
of me and all my people, who wake up before the sun rises to pick up the fruit you eat in your nice house in the suburbs.
When you look at me like a second class american citizen
because I am puertorican,
you forgot the historic fact,
that your country invaded mine
and my people died in your wars when you were dancing fox trot in Myrtle Beach.
When I look at you and smile,
what I want you to realize is that no matter if I arrive in the Mayflower,
in an airplane, or if I swim thru the Rio Grande or across the desert or the sea in a canoe.
How I get here does not matter.
The issue is, whether you like it or not,
I am here and I will not leave.

El zapato por Awilda Castro Suárez

A Muntadar al-Zaidi

Era tamaño 10,
negro gastado,
un beso de despedida.

Cuando cruce la puerta,
llevará en sus maletas,
miles de muertos y lisiados,
el rumor de la metralla a la hora de las abluciones,
el odio fermentado en las pupilas de los huérfanos,
tantas cosas no cabrán en sus maletas.

Era tamaño 10,
es una tristeza que no tuviese mejor puntería.

noviembre 2008
Reading, PA

*Nota: Una serie de artículos en torno a la vida y obra de la escritora Awilda Castro Suárez, recientemente fallecida, se publicarán en diferentes espacios cibernéticos. Página 0 (de El Post Antillano), Panaceas y Placebos de Miguel Ayala, Confesiones de Angelo Negrón, Bocetos de una ciudad silente de Ana María Fuster, Sur para caminantes de Mario Antonio Rosa y Boreales de Yolanda Arroyo, son algunos de las publicaciones que se unen a este homenaje. Anteriormente, con ese mismo motivo, se habían expresado escritores como Nicole Cecilia Delgado, Alberto Martínez Márquez y David Caleb Acevedo